Desde el caos a las nuevas aventuras
Jesús Soler se ha planteado en su libro "Caos en el arte contemporáneo" un puñado de cuestiones para responder a los que piensan que el arte de nuestros días se mueve entre las tomaduras de pelo, la reivindicación por los críticos de lo malo y mal pintado y la proyección pública de las tonterías y locuras del arte, análisis con los que el pintor no está de acuerdo porque el entiende que el caos magmático en que nos encontramos es el último estadio antes del renacimiento, quizá porque piensa que a veces el árbol quiebra por lo más duro pero siempre hay luz.
El itinerario del libro nos sumerge en las nuevas tecnologías como instrumentos utilizados tanto para el avance del hombre como para ampliar las posibilidades expresivas de los artistas poniendo la técnica al servicio de las ideas, asegurando que la utopía del individualismo ha sustituido, en el periodo histórico que vivimos, a la utopía de la solidaridad, porque hemos dado el paso del nosotros al yo, produciéndose además una nueva manera de mirar, una relectura de los viejos iconos y también un redescubrimiento simbólico de antiguos materiales utilizados por los creadores de otras épocas, transitando por un camino distinto aunque utilicemos los mismos pies para desplazarnos.
Cuando se trata de la representación del caos, no podemos limitar el territorio desde un punto de vista estético a un periodo determinado de la modernidad y por eso el autor nos coge de la mano y nos hace recorrer todos los movimientos significativos del arte del siglo XX, desde las primeras vanguardias al conceptual pasando por el surrealismo, Dadá, el suprematismo, el pop, el informalismo, la transvanguardia y el minimalismo, por citar sucintamente algunos hitos fundamentales, señalando la irrupción de la fotografía, que ya estuvo de moda y con nombres emblemáticos como Man Ray en las primeras décadas de la pasada centuria, las instalaciones, el vídeo y los ordenadores, con todos los artistas predispuestos a ser originales, únicos, a sustituir figuras y símbolos por conceptos y a incorporar la provocación a lo establecido como canon contestatario contando nuestro país con un maestro indiscutible en la crítica social como es Santiago Sierra, artista español residente en México, que lo mismo hace tatuajes a prostitutas, esconde inmigrantes ilegales en el barrio madrileño de Lavapiés, que exige el DNI , naturalmente español, a los espectadores que deseen visitar el Pabellón de España en la última Bienal de Venecia, que con estas acciones transgresoras hace sociología de la exclusión pero que es muy discutible que se trate de una manifestación artística, en la que si convierte la filmación en vídeo de estos hechos que finalmente son comercializados en un CD.
El arte, para Soler, debe ser una ventana abierta a la inspiración, la imaginación, el mundo visible e invisible, lo que habita nuestros ojos y lo que emociona a nuestros corazones, los sueños imposibles que nos sitúan más cerca de la felicidad, además de comprender que en la actualidad las imágenes tienen más fuerza que las palabras, posiblemente porque el cine ("respetadme, yo nací con el cine", como decía Alberti) es la manifestación artística más viva.
El autor de este libro, cuando se dedica a poner mojones plásticos a la historia contemporánea, entiende que el cuadro "El origen del mundo" de Courbet, que representa un explícito y poderoso desnudo femenino que no disimula su carga sexual, es el emblema de la ruptura con el pasado, pero también encuentra en los impresionistas –su ámbito de actuación es la calle-, Van Gogh que pintando la miseria refleja el alma de las cosas, Cézanne vinculado a la razón, Kandinsky que proyecta la espiritualidad en el arte, Klee que aspira a sacar de paseo a la línea o el cubismo que tiene en "Las señoritas de Avignon" la génesis de la Modernidad, asumiendo esta nómina de creadores que no se puede pintar nunca lo mismo ni de la misma manera, que la búsqueda de la luz o de la organización plástica del espacio propia de los abstractos, solamente puede entenderse como una proyección de ideas más que como representación de formas, lo que quiere decir que la vida no se repite como no se repite el río y todo es nuevo aunque no renuncie a algunos anclajes con el pasado.
El arte antiguo nacía para ser gozado por la vista, pero los creadores contem-poráneos han ampliado a los otros cuatro sentidos las posibilidades de "sentir" la obra artística. A quien no se le ha ocurrido acariciar un desnudo broncíneo de los escultores mediterráneos para penetrar más en la sabiduría y belleza que oculta, desveladas ambas de manera muy simple con un único golpe de vista. Existen piezas cinéticas que utilizan el sonido con forma de rumor y otras machacan nuestros tímpanos y ya se han creado obras tridimensionales para ser degustadas por los espectadores y otras –recordemos las cajas de excrementos de artistas vendidas a los snobs por varios miles de dólares- que no pueden disimular su agresión a nuestra pituitaria.
Los símbolos son estudiados por Soler a la luz de la psicología freudiana y junguiana, que han analizado las formas como proyecciones de nuestro subconsciente que nos habla, sobre todo en el momento actual, del artista como una isla que, sin embargo, se comunica con todo lo que le rodea pero que a la hora de trabajar se encierra en su solitario estudio para monologar consigo mismo, sin que puedan sustraerse de las influencias que en algunos casos lindan el plagio. Barceló, el más cotizado e internacional de los artistas españoles vivos, manifiesta que "cuando estoy en el caos absoluto, encuentro las cosas más interesantes".
Reconoce el autor del libro que la búsqueda de la originalidad a toda costa se ha convertido en un referente para cualquier tipo de artista, además de producirse la creación multidisciplinar, en trabajadores de la cultura como Calatrava, que combina la ingeniería, la arquitectura y los elementos artísticos en sus obras públicas, porque no debemos olvidar que el creador valenciano también ejerce como pintor.
Los parámetros que determinan la teoría del caos, si seguimos las opiniones de Jesús Soler, son la confusión, la incertidumbre, la materia, las huellas en las obras y la multitud de posibles opciones expresivas, planteando que en el periodo actual lo que prima es la libertad creadora, la existencia de una crítica de arte subjetiva sin vinculaciones estéticas determinadas, lo que lleva a iniciar nuevas aventuras con el único corsé de la búsqueda de la verdad individual sin prejuicios apriorísticos.
Y concluyo con el mensaje que nos transmite el pintor Jesús Soler autor del libro:
“Lo cierto es que ahora mismo nos encontramos en un período de cambio que se define en cierto modo por el caos, sin embargo debemos de ser conscientes de que esta situación de caos es simplemente una época de transición por la cual se están asentando las nuevas bases del período actual. Por eso cuando todo esté instalado y definido, dejará de haber caos: en el arte, en la ciencia y en todo. En definitiva, nos hallamos inmersos en la búsqueda del orden que subyace en toda fase o etapa de desorden aparente. Y, una vez alcanzado ese nuevo orden, estaremos en condiciones de determinar y definir las bases y principios de la nueva era”.
CARLOS GARCIA-OSUNA, Escritor, Periodista y Crítico de Arte