Jesus Soler

Conclusiones Finales

En los últimos años hemos asistido a profundos cambios que han modificado considerablemente las formas de creación plástica, la física, la química, la economía, la naturaleza y los modos y canales de difusión, así como su recepción y asimilación social.

La producción actual se define por la amplia gama de posibilidades creativas que existen dentro del contexto contemporáneo hoy en día. Así existe una total libertad creadora, todo está permitido porque el arte no tiene límites, y cada uno puede crear lo que quiera. La libre individualidad, en contraposición con la globalización, se ha erigido en un concepto fundamental que ha desplazado a anteriores actitudes de carácter colectivo, con unas determinadas características e intereses comunes. Lo cual da lugar a un arte que se realiza de manera personal y absolutamente privada.

Todo esto acentúa la diversidad y simultaneidad de criterios y géneros expresivos, porque al tratarse de un arte tan personal e individual, cada artista establece sus propios criterios.

Ahora bien, esa gran diversidad presenta en ciertos momentos un problema para el crítico y estudioso del arte, porque si hasta el momento había podido juzgar las obras artísticas según unas pautas determinadas, siguiendo unos criterios y parámetros concretos, a partir de ahora no va a poder hacerlo. Por eso es mucho más difícil criticar una obra de arte desde nuestra perspectiva actual, porque el profesional no tiene medios, ni razones aparentes que sostengan su opinión sobre una determinada obra de arte.

Además la ingente experimentación debida a los nuevos medios tecnológicos dificulta el establecimiento de parámetros fiables que permitan caracterizar la producción más reciente. Como las tecnologías avanzan de manera tan vertiginosa, no es posible encontrar unos parámetros definidos que sirvan para calibrar la obra de arte, y en caso de que se encontrasen, sólo serían válidos para un período de tiempo muy breve.

Nos encontramos así ante una situación que nos llena de confusión e incertidumbre, porque ni los propios críticos saben juzgar y valorar las nuevas tendencias artísticas. En ese sentido tenemos que aceptar que existe caos en el arte contemporáneo y que es uno de los factores fundamentales para la creación de obras de muchos artistas. Ya que cuando se ahonda en el caos, en el desorden, uno puede empezar desde cero y comenzar a ordenar a su propio modo.

Sin embargo y a pesar de esta libertad existente, a pesar de los cambios estéticos, de la pérdida de los límites del arte y del avance imparable de la tecnología, el arte sigue siendo hoy una de las expresiones más sinceras y personales del ser humano.

A lo largo de la historia, la producción del arte ha ido pasando por una serie de centros o focos que, de una manera u otra, han contribuido a la definición de unos modelos estéticos que después se han ido expandiendo hacia sus áreas de influencia. De esta manera, se puede hablar del papel preeminente de la civilización griega en la época clásica, del entorno francés en el período medieval, de la significación italiana en las etapas renacentista y barroca, así como de la hegemonía parisina en el siglo XIX y principios del XX.

Por su parte el momento actual presenta a la ciudad de Nueva York como centro de la actividad artística internacional, protagonista indiscutible desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo hay que señalar la importancia de otras ciudades que, a pesar de no tener el nivel del mercado artístico neoyorkino, ofrecen la posibilidad de una extraordinaria organización artística que se concreta en exposiciones temporales o simplemente en un ambiente cultural caracterizado por un interés amplio y permanente del arte.

Esto sucede en numerosas ciudades de Europa occidental como Milán, Basilea, Madrid, Barcelona, Berlín o Colonia. También en Japón como es el caso de Tokio, o en las diversas ciudades de los Estados Unidos. Sin embargo desconocemos las realizaciones artísticas de amplias zonas geográficas de Asia, África y América del Sur, que aunque comienzan hoy a ser difundidas, aún no han alcanzado la fama que merecen.

Abramos pues nuestras mentes y nuestra cultura a estas manifestaciones artísticas de dichas zonas, pues si no lo hacemos, nos estaremos perdiendo una parte muy importante de nuestro propio mundo. Ante todo debemos aprovechar esta ocasión que tenemos ahora de acercarnos a las diferentes culturas, pues la globalización nos proporciona una oportunidad única para fomentar la unión de las artes y promover la diversidad cultural.

Y es que la cultura es el mayor sello definitorio que tienen los pueblos y naciones, por eso es tan importante que se difunda y promocione su arte, porque en él se encuentran implícitas las tradiciones, la conciencia artística y hasta las creencias de dicha nación.

De hecho dentro de poco será precisamente el arte lo que mantenga vivo el espíritu nacionalista de los pueblos, pues será el único componente capaz de representar la esencia de un país. Porque la tendencia a globalizarlo todo va a acabar con las diferencias entre los pueblos; todos pensaremos igual, vestiremos igual y defenderemos los mismos intereses, nuestra política será colectiva y nuestra economía común al resto del mundo. Entonces, sólo nos quedará la cultura en el sentido más amplio.

Por eso podemos afirmar que la globalización nos va a llevar al principio de los nacionalismos. Cuanta más globalización, más arraigo de la cultura de los pequeños pueblos. Porque éstos no van a querer renunciar a sus raíces, y como sólo les queda atender a su cultura van a tener que cuidarla y potenciarla mucho.

Por tanto después de la etapa de caos y tras la época de la globalización vamos a asistir a la era de la nacionalización cultural. Pues llegará un momento en que descubramos que la única forma de mantener nuestra identidad propia sea el arte, el idioma y las tradiciones.

Además ahora mismo el hombre tiene que enfrentarse a mucha información, una gran cantidad de imágenes y noticias bombardean nuestra mente a diario y no podemos abarcarlas todas. Por eso se prevé que poco a poco el hombre se vaya especializando y vaya cerrando el cerco para poder centrarse en un solo tema. De este modo se convertirá en un experto dentro de su campo y podrá disponer de toda la información sobre ese tema concreto.

Lo mismo sucederá en el arte; el artista no puede abarcar todas las manifestaciones que se desarrollen ni atender a todas las nuevas tendencias porque sería imposible. Se centrará entonces de manera especial en las expresiones de su ciudad o comunidad.                     

Concluyendo, lo cierto es que ahora mismo nos encontramos en un período de cambio que se define en cierto modo por el caos, sin embargo debemos de ser conscientes de que esta situación de caos es simplemente una época de transición por la cual se están asentando las nuevas bases del período actual. Por eso cuando todo esté instalado y definido, dejará de haber caos: en el arte, en la ciencia y en todo.

En definitiva, nos hallamos inmersos en la búsqueda del orden que subyace en toda fase o etapa de desorden aparente. Y, una vez alcanzado ese nuevo orden, estaremos en condiciones de determinar y definir las bases y principios de la nueva era.

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